México llora su eliminación

México, 29 jun (EFE).- Unos 80.000 mexicanos se citaron este día en el Zócalo, la plaza principal de la Ciudad de México, para alentar a su selección que perdió 1-2 ante Holanda en los octavos de final de Brasil 2014, resultado que primero los hizo cantar y festejar y después callar y llorar.

«Ay, ay, ay, ay canta y no llores», es parte de la canción «Cielito lindo» que entonan los mexicanos para alentar a su equipo todo el tiempo, pero ahora jugó en su contra.

México había firmado su mejor actuación en la primera fase de un Mundial, con siete puntos, cuatro goles en favor y uno en contra, y esperaba dar un paso definitivo ante Holanda, superando por primera vez la fase de octavos de final en los últimos seis Mundiales, pero no pudo.

Dos horas antes del partido, los aficionados mexicanos comenzaron a reunirse en la citada plaza, donde el Gobierno local instaló una pantalla para que la gente observará los partidos de la Copa del Mundo.

En el ambiente se percibía la confianza de los mexicanos en el triunfo y casi todos los asistentes, que en su mayoría portaban camisetas verdes, mencionaban los nombres de jugadores como posibles anotadores del Tricolor, entre ellos Giovani dos Santos.

Y «Gio» hizo válidos los pronósticos al anotar al inicio del segundo tiempo para detonar el grito de gol en el Zócalo y en toda la capital mexicana, que por dos horas lució libre, tranquila y con contados automóviles en sus principales avenidas.

Los asistentes, nerviosos y emocionados, comenzaron a soñar con el triunfo y el clásico grito del «sí se puede, sí se puede», inundó la plaza, pero a partir de ese momento el reloj avanzó con lentitud.

Fueron casi 40 minutos, el tiempo que los mexicanos sintieron segura la victoria, pero a dos minutos del final y en el tiempo agregado, Holanda marcó dos goles por medio de Sneijder y Hunteelar, el segundo de penalti, quien acertó su tiro para eliminar a México.

Entonces llegaron los lamentos, las quejas y el llanto, en seis minutos se diluyó la ilusión, el sueño y la posibilidad mexicana de seguir adelante en el Mundial.

Tras la derrota, la avenida Reforma y el monumento conocido como Ángel de la Independencia, en el corazón de la metrópoli, recibieron a contados aficionados que, como una especie de terapia, caminaron por esos rumbos para mitigar su dolor por la derrota.

Aparecieron las banderas y las tradicionales «porras» (gritos de aliento), como en los partidos anteriores, pero en menor escala, en un tarde que se presagiaba triunfal, pero que terminó en derrota, con tonos grises y sin la fuerza emocional del «Cielito Lindo».

El representativo mexicano sumó una sexta edición seguida estancada en la fase de octavos de final. Una situación de la que no consigue salir y que empezó en Estados Unidos 1994 y que permaneció en Brasil. 

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